Atrapada con salida
El otro día lo hablaba con un lector del blog: Lo peor de la depresión es
cuando encima que estás mal, te machacan por ello. Yo entonces tenía la ayuda
de mis padres, pero ni me dejaba ni me fiaba. Así que me lo guardaba todo para
mí y mi diario (es curioso qué en muchas ocasiones decía en él que estaba mal
pero no por qué. Por suerte o por desgracia, aún lo recuerdo).
Pues sí, no solo tenía depresión desde el año 2000 en aquel 2004, sino que
además tenía que enfrentarme cada día al lugar y a la gente que me producía
aquella enfermedad. Porque era un colegio y yo, como menor de edad, tenía la
obligación de ir.
A la Diana que tanto
sufría aquello le diré que valió la pena seguir. Porque si bien, ahora me
encuentro con que ninguno de mis estudios me sirve para nada, ni siquiera para
encontrar trabajo, aprendí mucho y, más tarde, en los estudios superiores
conocería a gente maravillosa y a compañeros que me apreciaban de verdad.
En aquel colegio donde sufrí bullying, si tenía un ataque de pánico, con
lágrimas y problemas para respirar incluidos, mis compañeros me machacaban aún
más. Todavía recuerdo que tenía que ir a rogar a los profesores que levantaran
el castigo a aquellos energúmenos, porque si les castigaban por maltratarme,
luego me amenazaban con pegarme una paliza. Cualquier motivo era excusa para insultarme y humillarme. Todo el tiempo, todos los días. Sin importarles lo que yo sintiera. Y si algún profe se atrevía a regañarles, era peor. Por eso yo nunca busqué su ayuda aunque la hubiera tenido.
Como si yo fuera
culpable de todo. Y NO. No, Diana adolecente, tú no tenías la culpa de nada.
Eras una víctima que unos años después sería reconocida como tal y recibiría
ayuda. Ayuda y también cariño de amigas de verdad (y una psicóloga que es un
sol, pero eso lo dejo para otro día). Muchos años después, siendo perseverante desde entonces, todo lo bueno que sembré, dio sus deliciosos frutos.
Amigas. Yo entonces nunca había sabido lo que era realmente la amistad. Ni
de coña. Se supone que tenía dos, pero a cual más embustera y traidora.
He empezado el post hablando de cuando te machacan cuando ya tienes un
problema tan grave como la depresión. Pues aún recuerdo, jamás lo olvidaré, un
día en que tuve que salir de clase con un ataque de ansiedad tremendo, porque
me sentía una mierda miserable que no servía para nada. Una de ellas, la que
supuestamente era ‹‹la buena que se dejaba influenciar por la otra››, me vio de
casualidad allí tirada en el suelo, llorando, temblando… Y me llamó hija de
puta. No sé el motivo. Ni siquiera habíamos tenido conversación previa. Pero
tengo esa palabra y esa escena gravada a fuego en la mente.
¿Aquellas dos eran amigas? No, jamás lo fueron. Eso de que se dejaba
influenciar por los demás me sirve como excusa cuando teníamos 12 años, Pero
con 15 añazos ya no. Ella lo hacía todo a conciencia. Las dos eran igual de
malas conmigo (mama, cuando leas esto comprenderás porque pongo cara rara cuando me hablas de que te la has encontrado). Y yo no era capaz de verlo. Me dejaba maltratar por ellas porque
me daba miedo quedarme sola. Prefería estar con unas falsas amigas que me
hacían daño que no romper con ellas y quedarme sola de verdad. Eso sí, la madre de una de ellas si fue un gran apoyo para mí. Ella siempre me cuidó y ayudó, ni siquiera sabía que su hija era mala conmigo, seguramente, ya que cuando estábamos las dos solas, no pasaba nunca nada malo.
Pues ojalá las hubiera
dejado. De verdad. Hubiera estado sola, pero mucho mejor que con aquella
relación de amistad tan tóxica. Más que tóxica realmente. Estaría sola, pero mi
música, mis libros y mi escritura hubieran continuado siendo mi vía de escape.
Y gracias a esas aficiones, por las que los de la clase y esas dos ‹‹amigas››
me insultaban, conocí un poco después a la que fue de verdad mi primera amiga.
Hoy en día es aún mi mejor amiga. La que está conmigo en lo bueno y lo malo. Siempre
estamos la una para la otra, todo es recíproco. Incluso hace 3 meses, me
acompañó en mi primer viaje en avión. Un viaje para conocer a mi novio. Un
novio al que conocí a los 26 años, también gracias a mis aficiones fuera de lo
común. Él es mi escudero además de pareja, pues también se viste de medieval y
hasta me regaló una espada en mi pasado cumpleaños (de hecho, Diana del
pasado, él es tu primer amor, que llegó tarde pero de forma maravillosa).
Aquellas dos falsas amigas solían decirme a menudo ‹‹menos espadas y más
novios›› Reprochándome que yo prefiriera vestirme de guerrera medieval y leyera
novelas sobre esa temática, en lugar de ligar con chicos como hacían todas las
chicas de mi edad en aquella clase.
¡Jamás! Yo nunca
estuve interesada en el amor. Pero, claro, la asexualidad no estaba bien vista
tampoco. Y también me maltrataban por ello (y por arromántica, pero ahora sé
que no lo soy, aunque la única persona que me ha interesado en toda mi vida es
mi chico). Pues, que sepáis todos, que ser aro-ace o no tener pareja por el motivo que sea, es tan valido como tener
novio, marido o amantes de un rato. Existimos y jamás debería ser visto como
algo raro.
Ellas dos me obligaban
a chatear con chicos. Y como yo me negaba lo hacían ellas mismas, haciéndose
pasar por mí. ¿Ilegal? Por supuesto. Y no fue lo peor que hicieron en ese
sentido. Llegaron incluso a enviar una foto mía a un desconocido sin mi
consentimiento. Y yo tragaba con todo, creyendo que si las perdía a ellas dos,
me quedaría sola de verdad.
De verdad, hubiera sido mil veces mejor quedarme sola que no sufrir su
podrida mentira de amistad. No me extiendo más por hoy, pero os dejo el
extracto de mi diario del que hablaré en el próximo post.
Está escrito en noviembre de 2003. Titulado con el conocido ‹‹Algún mal día››.
Y sí, en esa página tan escueta hablo de las ganas de quitarme de en medio que
tenía entonces. Me sentía derrotada por el bullying, la depresión y todo lo que
ello supone. Y sobre todo, me sentía rota en mil pedazos por la última parte
que, tonta de mí, taché pocos días después, cuando supuestamente todo se
arregló.
Afortunadamente no me
suicidé y seguí adelante. Luchando con mi espada y mi fuerza de voluntad, por mis sueños, mi futuro y
mi vida.
Una vida que me
deparaba cosas preciosas con las que tuve la suerte de toparme sin buscar.
Os dejo esa página tan
dura, el original, con sus faltas ortográficas y gramaticales. Porque también
le tenemos que decir a esa yo adolescente que cumpliría mi sueño de ser
escritora. Y que aunque no tengo demasiados lectores, sí conozco a gente muy
buena en las redes sociales que me apoyan como escritora y persona.


Se me parte el corazón al saber eso y más, sabiendo que siguen machacándote a día de hoy (no ellos, pero sí otras personas). En realidad, mis aficiones solo las tengo en común con una de mis mejores amigas y con mi novio, el resto son totalmente distintos. Pero al menos ya no me insultan por ello. Lo que sí (y esto me lo ha dicho siempre mi psicóloga de adultos), jamás dejes esas aficiones por muy poco comunes que sean. Porque son parte de ti, de tu identidad, y no son nada malo, al contrario.
ResponderEliminarEntiendo lo de no dejar leer tus textos, a mí me pasa con las libretas donde tengo escritas mis primeras novelas. Me da mucha vergüenza e inseguridad mostrarlas. Algunas incluso las tiré a la basura después de pasarlas al ordenador u.u Pero poco a poco, Aida. De verdad, una parte de mis mejores deseos, está contigo desde hace semanas.
No sabes cuánto hubiera agradecido esa Diana adolescente tu abrazo... Mis supuestas amigas de aquel entonces nunca me abrazaban. Sus muestras de cariño eran inexistentes. Y no me he dado cuenta hasta ahora que te lo estoy contando a ti...
Pero, bueno, la Diana de adulta, ahora mismo te da mil gracias por ese abrazo y te lo devuelve muy fuerte :-)
Hola compi de las redes. A mí me ayudo mucho también la lectura y escribir. Me he sentido tan identificada contigo. A mi me empezaron ha hacer bullyng en 2 de primaria, era la nueva y no me quería en el grupo. Cualquier motivo era bueno para despreciarme y a la hora de las palizas eran 5 o 6 niños, contra una niña... si así de valientes. Me gustaría mucho seguir en contacto y contar experiencias a la hora de la ayuda. Un saludo
ResponderEliminarAyy, cuánto lo siento:-( Estas cosas no deberían pasar, es tan injusto... ¿Has podido superar el trauma? Muchísimas gracias por leer y contar tu propia experiencia. ¡Ojalá podamos ayudar a cuantos más mejor!
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