Notas para recordar ahora y más tarde

Hace mucho que no escribo por aquí, no porque no me acordara si no porque estos últimos meses han sido un sube y baja de momentos y sentimientos. Más cosas malas que buenas hasta hace una semana. Os haré un mini-resumen antes de tratar el tema de hoy: 

Se supone que este que este blog era para escribirle a la Diana del pasado, para decirle que todo está mucho mejor, qué el bullying ya pasó. Pero en 2021 las cosas han ido cada vez a peor...

Primero por los problemas económicos que se volvieron de una crudeza y magnitudes que nos dejaron a los tres sin ni siquiera para comer de un día para otro, con los del banco y la compañía de electricidad amenazándonos a todas horas durante semanas. Sumado a que llevamos muchos años en que mi madre debe cuidar de su madre (quien la sometió a malos tratos cuando era niña), desviviéndose por ella, haciendo todo por y para ella las 24/7, pues los ánimos en casa cayeron en picado.

Mi padre se sentía tan frustrado que ya ni atinaba a buscar trabajo (ese trabajo que nunca llega), mi madre llorando gran parte del día y yo... Bueno, al principio estuve fuerte, como siempre. Hasta que tuve una de las peores crisis de los últimos 7 años: en el trascurso de tres minutos sentí todo lo que se siente cuando se tiene depresión. El mismo dolor en el corazón, la misma presión en la cabeza y pecho. Y también los ataques de ansiedad y las ideas suicidas. Solo en 2-3 minutos, como he dicho.

Esto fue a principios de octubre y yo llevaba desde junio sin psicóloga, porque a la mía la trasladaron de hospital y todavía ahora estoy esperando a que pongan otra persona. Así que no tenía ni siquiera un especialista que me guiara por el buen camino. A la Diana del pasado le diré: en mitad de todo ese dolor, tuviste a tus leales amigos a tu lado. Al otro lado de la pantalla, pero muy presentes y sinceros (y cariñosos, aunque yo no lo sea). Ante aquel primer aviso de ideas suicidas Escudero pudo calmarme lo suficientemente para que no cometiera una locura. Y hubo algunas chicas de Twitter que también me ayudaron. Ya ves, Diana niña/adolescente: estuvieron ahí, a pesar de la distancia y de que algunas te conocen solo de internet. Porque mereces ser cuidada, querida y arropada por gente buena. Porque la gente buena existe de verdad, no solo en los libros y pelis, aunque tardarás cerca de 20 años en conocerles.




Cosas de la vida, mi amigo el azar que no siempre trae cosas malas (aunque muchas veces sí), a finales de octubre, medio mes después de aquella pesadilla, a mi madre le aprobaron el cobro del ingreso mínimo vital. Sip, esa ayuda social existe, aunque tengamos que pasar por ese tipo de penurias para conseguirla, como es nuestro caso. No es mucho dinero, pero ya era algo para comprar comida y pagar algunas facturas. Al mismo tiempo, a mi me subieron mi grado de discapacidad al 65% (tenía un 36% desde el año 2011 y me sometí a una revisión por empeoramiento), así que tengo derecho a una pensión económica que, afortunadamente, comencé a cobrar este mes (tampoco es mucho, pero es otra ayuda a nuestra situación que oficialmente estaba considerada "de riesgo de exclusión social por pobreza").

Dicho todo esto paso al tema de hoy. Quiero hablaros de como ser yo misma ha sido siempre el mejor camino tanto en los buenos como malos momentos.
A pesar de haber mejorado mucho en cuanto a salud mental y habilidades sociales, siempre he sido la misma persona. Con sus gustos, hobbies y aspecto bien definidos que forman parte de mi yo más auténtico.
Los malnacidos que me hicieron bullying también lo veían, teniendo así una razón más para maltratarme. Nunca fui un clon de ellos, con sus gustos y aficiones que no tenían nada que ver con las mías.

Y aquí entra uno de mis mayores traumas ahora: Ellos, tan malas personas además de ignorantes y egoístas, tienen ahora una vida perfecta con trabajo, parejas, casa propia, dinero propio... Yo no tengo nada de eso. Ni siquiera sé si algún día lo tendré porque ya mis padres no lo tienen tampoco y ahora mismo dependen más de mí que yo de ellos. Que nadie me vuelva a mencionar la palabra karma porque sé de buena tinta que eso no existe. No para mí. No para ellos.

Me ridiculizaban por mis gustos musicales y literarios que me salvaron la vida en los peores momentos. Me encantaba decorar las carpetas con fotos de esas pasiones (es una de las cosas que más hecho de menos de mi vida estudiantil), pero a esa gentuza les daba igual que estuvieran forradas con fotos de gatitos o de El Señor de los Anillos porque el plástico siempre quedaba rajado por alguno de ellos para hacer un acto más de superioridad.

Os dejo por aquí la transcripción de un tuit de hace dos años. Trigger Warning: Mención del suicidio.

Ya he hablado muchas veces de la gran ayuda y consuelo que supuso para mí la literatura de fantasía y sobre todo la obra de Tolkien en aquella horrible pesadilla de mi vida. Leerla y escribirla fue mi refugio. Siempre digo, con miedo a hablar de un tema delicado/contenido sensible, que escribir me salvó la vida. Literalmente. Hoy voy a decirlo alto y claro: durante los peores años de mi vida, cuando solo vivía de golpes e insultos, lo único que evitaba mi suicidio era ser escritora.
Me negaba a dejar una novela sin acabar. Porque mis personajes me llenaban y mis historias eran lo que me aferraba de esa forma tan intensa a una vida que era horrible e inmerecida. Con la suerte de que cuando acababa una novela, ya empezaba otra casi por inercia.
Por entonces no dejaba que nadie leyera esos libros de mi puño y letra (sí, eran más de diez y todos escritos a mano), no dejé que alguien lo hiciera hasta que cumplí los dieciocho, no publiqué por primera vez hasta los veintidós... Y hasta casi los treinta, cuando llegué a Wattpad y Twitter no tenía lectores de verdad.
Por eso es importante para mí que mis historias gusten y leer las reseñas. Las reseñas están hechas para los lectores no para nosotras las autoras, pero para mí es necesario saber qué ha producido mi obra, sentimientos, opiniones, puntos de vista diversos...
Lo siento mucho, pero no puedo evitarlo.

Acabo por hoy recordando a la Diana adolescente que mereció la pena seguir adelante. Con la vida y con la escritura porque, a pesar de que su vida sigue siendo una mierda absoluta, conserva el don de la literatura y tiene unos amigos que valen millones.
Qué les den por culo a los que te hicieron daño con sus maridos, sus casas y sus trabajos/dinero. Tendrán vidas estables, no pasan hambre ni reciben amenazas del banco y la compañía de la luz como tus padres y tú. Ahora mismo no sé cómo animarte ante este hecho, pero te aseguro que tienes un mundo ahí afuera maravilloso, lleno de gente bonita que te quiere (la mayoría a pesar de la distancia) y eso es también algo por lo que sentirse dichosa.

PD: No sé cuándo volveré a escribir por el blog. Mi psicólogo nuevo (dos sesiones de momento) me ha recomendado retomarlo como ejercicio de terapia, incluso escribir una segunda carta como la de la segunda entrada (esta). Sin embargo, no estoy muy inspirada, así que si tenéis ideas o sugerencias, soy toda oídos/ojos.

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