Muchas causas
Evidentemente, nada iba a ser fácil. Y menos cuando llevaba ya muchos
años sufriendo acoso físico y psicológico. Un maltrato que todos, adultos y
niños, achacaban a ‹‹cosas de niños›› y aunque yo me defendía, nos
castigaban a todos, atacantes (ellos) y victima (yo).
Pero abramos los ojos un poco, con la visión de las personas del 2019
en el que estamos: este extracto era de cuando yo tenía 13 años para 14. Ya no
éramos niños, por lo tanto, no podíamos ignorar la gravedad del asunto.
Especialmente, porque el curso anterior (1º de la ESO), había sido el peor de
todos hasta entonces, pues dejé de defenderme, comencé a reaccionar con llantos
a ese acoso de mis compañeros y llevaba ya un año con mi primera depresión.
Este pedazo de mi diario data de abril de 2003. No lleva fecha, tan
solo una cabecera donde puse ‹‹Algún mal día››, que sería el primero de
muchos días con ese título a lo largo de los siguientes tres años.
Antes de compartir el extracto, escribo como anotación que hacía tres
meses que había sufrido mi primer ataque de pánico de los gordos, de esos en
los que me pensaba que me iba a volver loca o morirme. ¿La causa? Bueno,
llevaba meses viendo a mis supuestas dos amigas peleando un día sí al otro también.
Eso me provocaba mucha angustia y aunque yo estuve siempre neutral, apoyando a
las dos, una de ellas empezó a tomarla conmigo. Esa tarde, presa de los celos
(de los que no fui consciente hasta muchos años después), esa supuesta amiga me
trató muy mal por un golpe que le di sin querer durante la clase de gimnasia.
¿Cómo no iba a darme un ataque de pánico si la que creía mi única amiga me trataba
así mientras el resto de la clase me hacía bullying?
Me estoy volviendo loca. Ahora mismo pienso que soy la persona más mala del mundo, que no tengo nada bueno y que merezco sufrir. Quiero morirme, sinceramente. Pero después pienso en que si me suicido, como he pensado tantas veces, sería una cobarde, porque hay que afrontar los problemas y seguir adelante. Cuando me pongo nerviosa, cuando ellos me hacen daño, me pongo a llorar, tengo ganas de llorar y gritar a la vez, de romper cosas… Pero me aguanto y comienzo a comerme el coco con malas cosas sobre mí. Creo que no me aprecio a mí misma, la verdad, prefiero morirme. Pero no se lo he dicho a nadie pues pensarían todas esas cosas horribles que ya piensan ellos sobre mí. No hablo con nadie, porque pienso que molesto a la gente. Y nunca les miro a los ojos pues, seguramente, todo el mundo le tiene tanto asco a mi cara como ellos. A veces pienso que lo que le pasó a [nombre de una compañera de clase] debería haberme pasado a mí. Así, nadie estaría triste como ahora.
Choca el contraste de estas páginas de mi diario. Porque llevaba un
mes en el que solo hablaba de la tristeza que me producía la guerra en Iraq que
había sucedido entonces. Hay muchas páginas hablando de aquello, de mi empatía
por esas personas que estaban sufriendo. También estaba mi primera
manifestación.
Pero en clase, todo era tan horrible, que esto era lo que sentía.
Duro, ¿verdad? Y no el primero, desafortunadamente.
No podía sentirme más miserable. Toda la clase me acosaba. Unos de
forma directa y otra parte, ignorando lo que me sucedía, ni siquiera me
defendían.
El odio hacia mí misma era tan grande que incluso en esa última frase
confieso que preferiría estar en un hospital con anorexia como aquella
compañera de clase, ya que así nadie estaría sufriendo.
Pues no. Nada de eso era cierto. Para nada. Ojalá aquella Diana de 13
años pudiera saber que, tan solo un año y algo después, conocería a la que a día
de hoy sigue siendo una de sus mejores amigas. Ojalá hubiera sabido que iba a
aprobar el curso, ese y muchos más y que al cambiar de colegio, ya no sufriría
más bullying ni rechazo por parte de mis compañeros.
Ojalá esa Diana tan jovencita e inocente pero con el alma hecha
pedazos, hubiera sabido que estaba tan equivocada y que lograría sobrevivir esa
pesadilla. Duró 13 años seguidos la pesadilla, pero salí de ella viva y sana. Y,
por supuesto, jamás volvería a estar sola ni a recibir violencia de gente que
no merecía que yo les diese el gusto de verme llorar.
Unos meses más tarde, tras un curso entero de más violencia escolar,
más decepciones de esas dos supuestas amigas que me utilizaban a su antojo y me
traicionaban sin yo ser consciente de ello, en el mes de setiembre, hay otro ‹‹Algún
mal día››.
Justo al empezar el curso. Antes de eso, todo eran cosas bonitas en mi
diario, incluso una bitácora con mi viaje a Asturias con mis padres, que tanta
inspiración me dio para mis novelas y varias entradas de cine pegadas con
algunas de mis películas favoritas que había tenido la suerte de ver.
Pero el curso empezaba y con él, el bullying, el odio hacia mi misma y
la depresión que iba en aumento.
El mundo estaría mejor sin mí. Si yo estuviera muerta todo el mundo estaría mejor. Me paro un momento y pienso: Si yo no existiera estaría todo igual, no soy para nada necesaria. Si me matara todos estarían no solo mejor, también contentos. ¿Qué importa si así todos estarían mejor? Quiero morirme, no temo a la muerte, es más, la deseo. Porque si sigo viviendo me matará la tristeza y moriré de vieja sola y sin amigos. Como ahora pero aún peor. Quiero morirme pero cada vez que intento hacer una locura, como suicidarme, algo en mi interior me dice que no lo haga, que de verdad hay gente que me quiere… Pero yo no lo veo así. Es como si en mi interior hubiera dos personas, una pesimista y otra optimista. La pesimista soy yo, pero la optimista siempre gana porque es muy fuerte. No soy yo, obviamente.¿Cómo debe ser la muerte? Yo la estoy esperando cada vez más. Quizás un día despierte y esté ya la muerte esperándome. Supongo que será un alivio tan grande que nadie pondría flores en mi tumba. Pues estoy sola y siempre lo estaré.
Más que un abrazo, a esta yo de septiembre del 2004 le diría grandes
verdades: Mi muerte haría daño a mucha gente. No a esas dos falsas amigas, que
afortunadamente dejé atrás dos años después. Una de ellas era tan responsable
de que yo me sintiera así, tanto como los que me maltrataban. Sufriría mi
familia (especialmente mis padres que son de lo mejor que existe) y me hubiera
perdido tantas cosas buenas que vinieron después. Amigas de verdad, unas primas
que me adoran, unos mutuals en las redes sociales que me comprenden y están
siempre ahí, ya sea en físico (mis amigas y mis primas) o al otro lado de la pantalla
(mis mutuals, más amigas que viven el extranjero e incluso un novio). Esa
persona optimista y fuerte en mi interior era tan yo misma como la otra. Las
dos éramos la misma, y pese a la depresión y esa aparente (pero falsa)
fragilidad, las dos eran igual de valientes y sobrevivieron.
Y, sí. Lo de pensar en suicidarme era una locura y un error que nadie
debería cometer. De verdad, si alguien que está leyendo esto está en la misma
situación, que siga adelante. Sufriréis muchísimo, pero siempre hay una muy
bonita recompensa al final. Nadie es prescindible en esta vida. Y desde luego,
jamás penséis que es culpa vuestra o que merecéis cosas malas. Porque es todo
lo contrario.
Y si he podido yo, con tantas enfermedades mentales, una minusvalía psíquica,
mis monstruosos defectos físicos y con 13 años seguidos de bullying a mis
espaldas, vosotros también podéis.
No lo dudéis nunca. Merece la pena seguir y esperar.

Ole Diana, que compartas esto es muy importante, seguro que ayudarás a muchísimas personas que hoy en día están en esa misma situación. Eres una guerrera, valiente y resilente.
ResponderEliminar������
¡Muchísimas gracias por leer! Ojalá sea así, es para eso que he empezado este blog. No sé si llegará a mucha gente, o a la adecuada, pero quiero ayudar.
EliminarAix, cuánto siento que pasaras por lo mismo. Ojalá pueda ayudaros a muchísima gente. Por desgracia vivimos en un mundo donde la maldad existe sin filtros. Pero también hay gente buena. Y quiero decirte algo que ya he escrito para el próximo post: "El bullying es algo muy grave que no debo perdonar. Y todos, lo hayamos superado o no, somos iguales. Incluso los que no pudieron soportar el dolor y se quitaron la vida, todos merecemos ser reconocidos. Pues lo que nos produce esa situación, es una enfermedad, y como tal, no podemos hacer nada para curarnos sin ayuda. La ayuda puede venir de donde sea: familia, amigos, profesionales o incluso mutuals/desconocidos de las redes. Lo importante es dejarse ayudar y no pensar que les molestamos. Porque no es así"
ResponderEliminarDe verdad, aunque haya tanto estigma con la salud mental, es tan justa y valida como cualquier enfermedad física. Y mil gracias por leer y compartir en Twitter. Y, también, por confiar en mí para compartir tu experiencia. ¡Un abrazo!