Silencios que no merecía
Aquella tarde yo estaba más que ilusionada. Incluso habiendo estado enferma desde el mediodía, nada me hacía ver las cosas de forma negativa. Ya tenía todo preparado: los refrescos, la película, los juegos de mesa, las bolsas de mis cheetos preferidos y chucherías (algo que muy raramente yo comía, pero aquella era una ocasión especial).
Ya me veía muerta. Creía que quedaba poco para acabar haciendo una locura, y así, por fin yo descansaría y el mundo se libraría de mí, alguien repugnante y que no merecía nada bueno.
Porque en aquella semana, ni siquiera ellas me trataban. El resto de la clase me machacaba con su acoso y sus insultos. Y ellas dos, mis supuestas amigas (mis únicas amigas por aquel entonces), me habían retirado la palabra y el trato.
Realmente, no sé cómo lo superé. En el diario, antes y después de esa nota tan terrible, hay quedadas con ellas dos, una obra de teatro que representé y quedó muy bien, y varios exámenes aprobados con muy buenas notas.
Pero hay algo en lo que me fijo ahora que me hace sospechar que yo, incluso diciendo lo contrario en el diario y a todo el mundo, no estaba realmente tan bien con aquellas dos amigas. No era consciente de ello, pero mi subconsciente me lo demostraba bien claro.
Todas las entradas de mi diario en la que había quedado con ellas, ya fuera para dormir en sus casas, comer, ir al cine o hacer juntas los deberes, dicen la misma frase que se repite una y otra vez. Y todos sabemos que yo, siendo tourette, padezco ecolalia.
Puff, qué fuerte. No era ni mucho menos la realidad. Debería haber estado bien, dada la situación de estar con mis dos únicas amistades en aquellas circunstancias tan entretenidas. Pero no.
Porque me obligaban a hacer cosas que yo no quería. Cosas que por mis fobias (ahora sé que además, es una minusvalía psíquica), era incapaz de hacer en mi vida diaria.
¡Vergüenza tendría que darles que fuera el hermano de 10 años de una de ellas el que me acompañaba a hacer todas esas cosas! Y no ellas, mis amigas, y más estando en casa de una de ellas.
Como ya he dicho, me detendré en todo esto en próximos post. Pero no quiero extenderme más por hoy.
De verdad, ojalá hubiera tenido el suficiente valor para romper con ellas. Me hubiera ahorrado muchísimo dolor que vendría en los dos años siguientes.
Y, cómo ya sabéis, la vida me deparaba cosas maravillosas que entonces era incapaz de imaginar que tendría.
Eso sí, le tengo que decir a mi yo de entonces, que de todos esos deseos que yo tenía, de ser feliz, adulta y tener una familia (curioso, jamás mencionaba la palabra pareja ni novio ni marido), lo de tener trabajo aún no se ha cumplido. Ni bueno ni malo, ninguno. Y es una espina clavada que todavía me amarga la vida a día de hoy, con 30 años.
Mis dos únicas amigas iban a venir a casa a dormir por primera vez, y yo no podía estar más feliz por ello. Había dormido con ellas anteriormente, pero siempre en casa de ellas, no en la mía. De hecho, aún a día de hoy, nadie ha venido a casa a dormir conmigo.
Estaba ya soñando despierta con aquella noche perfecta desde hacia semanas y, cuando sonó el timbre de casa, salí corriendo para recibirlas.
En la entrada estaban las dos, sin maletas y ni una sonrisa. La ‹‹buena›› de mis dos supuestas mejores amigas, me dijo que la otra tenía que ir al médico y no podía venir a dormir a casa. Inocente de mí, pensé que ella sí se quedaría... Pero, no. Se despidieron las dos de mí y se fueron ascensor abajo. Me dejaron allí plantada.
Parecía raro, ¿no? Pero yo no lo veía. Y tardaría aún un tiempo en saber que las dos quedaban muchas veces sin mí, aunque a mí nunca me importó (debería haberte importado, Diana del pasado. Porque esas no eran maneras. Si hasta te enteraste de ello porque la madre de la ‹‹buena›› metió la pata dos veces ya que la pobre mujer no sabía que su hija nos trataba mal).
Bueno, plantones, quedadas a mis espaldas... Bah, chorraditas de chiquillas de catorce años, pensaremos todos.
Pero lo peor de aquel plantón de no venir a casa a dormir, no quedó ahí. Eso fue un viernes por la tarde. El lunes por la mañana y hasta unas dos semanas después, esas dos falsas amigas me retiraron la palabra. Sin ninguna explicación ni razón. Me ignoraban hasta tal punto de llegar yo la primera a la entrada del colegio, antes de que abrieran y, al llegar ellas, se pusieron en la otra acera, bien lejos.
Y yo no podía sentirme más mierda. Encima de todo el bullying, encima de al depresión, mis dos únicas y mejores amigas me ignoraban.
Y no era ni la primera ni la última vez, me temo. En próximos post explicaré más humillaciones y traiciones de su parte, pero en este me centro en esa página de mi diario que colgué en el anterior post.
Yo era un ser sin vida en vida. La ansiedad, el pánico y la desesperación se apoderaron de mí, al verme así de olvidada por alguna causa que me esmeraba en averiguar (NO. No había ninguna causa. Simplemente querían joderme la vida o vete tú a saber, pero yo entonces no era capaz de verlo).
Tenía solamente 14 años y así estaba mi vida en ese momento. ¿Cómo no iba a pensar en quitarme la vida para dejar de sufrir? Y, mientras las que yo creía mis amigas pasaban de mí, el resto de la clase seguía machacándome.
Tenía solamente 14 años y así estaba mi vida en ese momento. ¿Cómo no iba a pensar en quitarme la vida para dejar de sufrir? Y, mientras las que yo creía mis amigas pasaban de mí, el resto de la clase seguía machacándome.
Sinceramente, no sé qué fue lo que evitó mi suicidio. Había pensando muchas otras veces en ello, pero aquella herida de dejarme con toda la fiesta pijama preparada, fue la peor de todas hasta entonces.
¡Ojalá las hubiera abandonado aquellas dos semanas! Para siempre, romper con esa amistad tan tóxica. Pero no podía, me daba miedo quedarme sola.
Y la tortura de esas dos me duró aún dos años más. ¿Cómo iba yo a saber que mucho después, a los 22 años, conocería a otra mejor amiga de verdad?
Porque en el anterior post, os hablé de mi primera mejor amiga de verdad. Pero en mis prácticas de estudios conocí a otra de ellas. Otra amiga de verdad, de las que están en lo bueno y en lo malo, con la que puedo hablar de todo con total confianza. En mi 25 cumpleaños incluso me preparó una fiesta sorpresa con toda mi familia y amigas (y había globos, chuches, hasta un pastel, y sobre todo, mucho cariño). ¿Ves, Diana del pasado? Eso son amigas de verdad. No la reina venenosa y su secuaz (sí, una de ellas es la protagonista de mi poema).
¿Sabéis lo que ponía en esa última frase tachada unos días después de mi diario? La verdad es que no lo recordaba apenas, pero observando bien mi caligrafía de entonces a través del borrón del bolígrafo, lo he visto muy nítido. En aquella tarde de noviembre, en la que estaba tan rota y superada por los problemas de mi vida, además de escribir lo que había sentido durante toda la semana en frases muy cortas, había una frase dirigida a ellas, que por entonces me estaban ignorado:
‹‹¡[sus dos nombres] venid por lo menos a mi entierro, por favor!››
Ya me veía muerta. Creía que quedaba poco para acabar haciendo una locura, y así, por fin yo descansaría y el mundo se libraría de mí, alguien repugnante y que no merecía nada bueno.
Porque en aquella semana, ni siquiera ellas me trataban. El resto de la clase me machacaba con su acoso y sus insultos. Y ellas dos, mis supuestas amigas (mis únicas amigas por aquel entonces), me habían retirado la palabra y el trato.
Realmente, no sé cómo lo superé. En el diario, antes y después de esa nota tan terrible, hay quedadas con ellas dos, una obra de teatro que representé y quedó muy bien, y varios exámenes aprobados con muy buenas notas.
Pero hay algo en lo que me fijo ahora que me hace sospechar que yo, incluso diciendo lo contrario en el diario y a todo el mundo, no estaba realmente tan bien con aquellas dos amigas. No era consciente de ello, pero mi subconsciente me lo demostraba bien claro.
Todas las entradas de mi diario en la que había quedado con ellas, ya fuera para dormir en sus casas, comer, ir al cine o hacer juntas los deberes, dicen la misma frase que se repite una y otra vez. Y todos sabemos que yo, siendo tourette, padezco ecolalia.
Me lo he pasado muy bien/Me he divertido mucho/Hemos hecho muchas cosas/He ido a casa de [nombre de una]/He quedado con [nombre de la otra] y me he reído mucho.
Puff, qué fuerte. No era ni mucho menos la realidad. Debería haber estado bien, dada la situación de estar con mis dos únicas amistades en aquellas circunstancias tan entretenidas. Pero no.
Porque me obligaban a hacer cosas que yo no quería. Cosas que por mis fobias (ahora sé que además, es una minusvalía psíquica), era incapaz de hacer en mi vida diaria.
¡Vergüenza tendría que darles que fuera el hermano de 10 años de una de ellas el que me acompañaba a hacer todas esas cosas! Y no ellas, mis amigas, y más estando en casa de una de ellas.
Como ya he dicho, me detendré en todo esto en próximos post. Pero no quiero extenderme más por hoy.
De verdad, ojalá hubiera tenido el suficiente valor para romper con ellas. Me hubiera ahorrado muchísimo dolor que vendría en los dos años siguientes.
Y, cómo ya sabéis, la vida me deparaba cosas maravillosas que entonces era incapaz de imaginar que tendría.
Eso sí, le tengo que decir a mi yo de entonces, que de todos esos deseos que yo tenía, de ser feliz, adulta y tener una familia (curioso, jamás mencionaba la palabra pareja ni novio ni marido), lo de tener trabajo aún no se ha cumplido. Ni bueno ni malo, ninguno. Y es una espina clavada que todavía me amarga la vida a día de hoy, con 30 años.

Diana, nunca te sientas culpable por no haber cortado antes tu relación con ellas, porque tal y como dices tenías 14 años. Siendo adultos vemos con retrospectiva las cosas que hicimos mal de jóvenes, pero no nos debemos sentir culpables, porque no sabíamos lo que sabemos ahora. A ellas no tienes porque perdonarlas nunca, pero espero que sí te puedas perdonar a ti misma, porque tu no te mereces culparte por lo que te pasó. Un abrazo muy grande, mellonya!
ResponderEliminarAy, mellonnya, muchísimas gracias por tus palabras y por leer el blog. Ojalá poquito a poco pueda ir mejorando en esto. Ya no me siento culpable (escribí este post hace más de un año, he mejorado en eso), pero sigo teniendo ese miedo a perderos... Un abrazo enorme y gracias de nuevo <3 <3
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