Analizando nuestras diferencias


El post de hoy lo voy a dividir en tres partes. Todas ellas, analizando las situaciones personales de mis acosadores y de mí, tanto en el pasado como en el presente.

El primer punto es el motivo. Porque a día de hoy me niego a admitir eso de que los que hacen bullying son su mayoría gente con problemas personales y familiares. Lo niego después de 28 años pensando que yo era la culpable de ese maltrato, y decir que ellos también están mal, me parecía una excusa barata a la que no tenían derecho.
Sin embargo, después de conversar con algunos lectores de este blog, parece que sí es cierto en un gran número de ocasiones.
Pues de verdad lo digo, si mis acosadores tenían problemas tan graves, ojalá haber podido ayudarles siendo su aliada y no su enemiga (enemiga involuntaria, eso sí).

No me gusta ver a la gente sufrir y siento siempre necesidad de ayudar y apoyar a todo el mundo, hayan hecho lo que hayan hecho (muchos ya sabéis que estoy incluso en contra de la cadena perpetua por eso mismo).
Yo misma, cuando sufría bullying tenía una situación en casa grave, con unos padres en paro en muchas ocasiones, con una enfermedad neurológica que aún a día de doy me ataca… Ojalá haber podido compartir dolores en común de ese tipo con ellos.

Y cosas injustas de la vida que no deberían pasarle a nadie, pero chica que me dedicó el peor insulto que me hicieron en aquella escuela enfermó de leucemia justo un año después de pronunciar aquel horrible insulto. Curiosamente yo fui una de las únicas 8 personas que la apoyó durante aquel trauma y que me interesé por ella preguntando a sus más cercanos o incluso a su madre (los otros 7 eran de los que callaban, no de los que maltrataban, pero tampoco eran mis amigos).
En aquella clase éramos 29 personas, pero esa gente era tan maligna que ni siquiera sus amigos más cercanos se interesaron por su grave estado de salud.
Así de crueles eran todos. Y yo, a la que tanto daño había hecho durante más de 10 años si estuve pendiente de ella… La chica tuvo la suerte de sobrevivir a su enfermedad y cuando le dieron el alta dos años después, yo, junto a esas otras 8 personas que estuvimos siempre pendientes de ella fuimos a visitarla para hacerle regalos.
Estaba viva, pero el cáncer la había cambiado: había perdido su bonito pelo larguísimo y negro, se había quedado cojita y había cogido algo de peso.
Pero también había hecho otro cambio: Se había vuelto buena y respetuosa hacia mí, nunca más me insultó, incluso cuando coincidimos en el instituto donde fuimos a hacer el bachillerato, fue la primera persona ajena a mi clase que me felicitó por sacarme el título.
Yo ya no la veía como enemiga. Y ella jamás volvería a insultarme ni humillarme… ¿Por qué paso eso? ¿Por qué sentí compasión por alguien que me había dicho semejante barbaridad? Ni siquiera soy cristiana ni creo en eso en eso de sentir piedad por todos nuestros hermanos hagan lo que nos hagan…
Pero no me arrepiento. Ella estaba enferma y desvalida, era muy joven y necesitaba nuestro apoyo. De verdad que ojalá hubiera cambiado su actitud hacia mí de una forma menos agresiva, la pobre.
Así que como he dicho, si de verdad tenían problemas personales, me hubiera gustado ser su apoyo, no su víctima.


Pasemos a la segunda temática de este post de reflexión: La situación actual de mis acosadores y la mía.
La situación en mí y en mi familia ahora mismo es muy crítica. Llevamos doce años siendo muy pobres. Exceptuando 7 meses en los que mi padre pudo trabajar, el resto lo estamos viviendo con 400 euros al mes que cobra mi padre como ayuda del Estado al no poder recibir nada más. Es una miseria de dinero, con la que nos mantiene a mí y a mi madre. De no ser por la ayuda de la familia, ha habido épocas en que hubiéramos tenido que acabar pidiendo en la calle. Nada de viajes, ni cine, ni demás ‹‹caprichos››; la familia nos hacía la compra para dos o tres semanas porque nosotros no podíamos comprar ni comida.
Yo, con 30 años, me encuentro en la circunstancia de no poder cobrar ninguna ayuda económica por mi minusvalía mientras viva con mis padres. Y no me voy de casa de mis padres porque tengo 0 ingresos y no encuentro trabajo por esa minusvalía, a pesar de que busco empleo desde 2012 por todos los medios. ¿Incongruente? Sí. Pero así está la ley en este puto país.
Tengo novio desde hace 3 años y si fuera por nosotros, ya estaríamos viviendo juntos y casados. Pero vivimos en países distintos, los dos tenemos problemas económicos y no podemos ni siquiera pagar un billete de avión para visitarnos.
Y para colmo, desde hace 2 años no paran de ocurrir desgracias a mis seres queridos. Muertes, accidentes, enfermedades... Estos últimos 6 meses, concretamente, están siendo más que duros en ese sentido.

¿Cómo están ahora mis acosadores y demás compañeros que o callaban o agredían? TODOS con trabajo, dinero propio y casa propia con sus parejas (algunos incluso con hijos, pero ahí no entro, porque yo no quiero tener hijos). Imaginad como me siento cada vez que mi madre se encuentra a esta gentuza y le cuentan lo bien que les va a en la vida mientras yo vivo en la más absoluta crisis.
Por eso me siento una fracasada. Tanto mi familia como mis profesores siempre creyeron que yo tendría un futuro brillante. Por mis estudios y aptitudes. Pero no es así. He fracasado una y otra vez, sin trabajo, con unos títulos académicos que no me sirven para nada y con una salud neurológica y psiquiátrica que no me dejan vivir bien.
Así que paso al tercer y último bloque de esta entrada del blog: ¿Les deseo algo malo a ellos? ¿Les guardo rencor? ¿Siento envidia de ello?
Pues ni malos deseos ni envidia, la verdad. Lo único que quiero es que sigan lejos de mi vida. Y agradezco no encontrármelos yo misma por la calle, porque sería muy dura. Rencor sí tengo, mucho, envenenado. Jamás les perdonaré lo que me hicieron durante tantos años y las consecuencias que tuvo todo aquello durante toda mi vida hasta ahora.
¿Cómo reaccionan ellos? Como si nada hubiera pasado y me jode mucho. No son conscientes del daño que me hicieron. Es como si el tiempo hubiera borrado todo y tuviera que olvidarlo. Pero no. El tiempo siguió hiriéndome por todo vuestro daño causado, así que, no, no puedo actuar como si nada hubiera pasado.

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