Resurgiendo a pesar de todo
Primero de todo, pediros disculpas por la tardanza en subir un nuevo post. El último fue en febrero y, además de pillarme todo el confinamiento (como a todo el mundo), poco después decidí centrar mis ratos de escritura en acabar mi novela en proceso sobre Juana de Arco.
Hace un mes que la terminé, así que, después de un tiempo de maquetación y correcciones, ya ha llegado la hora de continuar con este blog tan importante para mí.
El tema que iba a tratar hoy se enlaza con ese motivo por el que me di un respiro de este lugar: la biblioteca del colegio en el que me hicieron bullying. Ese lugar que todos odiaban y temían a partes iguales porque era donde enviaban a los castigados al final de las clases de la tarde o incluso a la hora del patio.
Yo me quedaba por las tardes, antes y después de las clases, de forma voluntaria. Me gustaba hacer allí los deberes y escribir. Y, sobre todo, me gustaba leer las enciclopedias y demás libros de aquellas estanterías. Hacía ya un par de años (tenía 13, casi 14) que me dedicaba a buscar toda la formación posible sobre Juana de Arco y la Guerra de los Cien Años por todas partes. Así que ese rincón de paz no iba a ser menos.
No fue hasta el último año allí, en 2004-2005, cuando empecé a frecuentar la biblioteca del colegio media hora antes de que empezara la clase de refuerzo de mates a la que yo estaba apuntada (los viernes por la tarde y, por desgracia, solo los alumnos problemáticos asistían a ese repaso). Primero lo hice para hablar con una de las profesoras con la que me llevaba muy bien.
Hasta que comencé a ir todos los días porque tuve la gran fortuna de "conocer" a la que se convertiría en mi primera amiga de verdad. Lo pongo entre comillas porque en realidad llevábamos 12 años sabiendo de nuestra existencia, cruzándonos por los pasillos, pero solo cuando ella se fue de ese centro para estudiar el bachillerato en otro instituto, comenzamos a hablar de verdad.
Porque al igual que yo, ella iba a aquella hora a la biblioteca a hablar con los profes. Tengo mil anécdotas de aquellos encuentros con ella. Para no enrollarme mucho, os lo resumo en dos frases:
- Gustos en común, poco comunes y por los que congeniamos desde el principio (al ver ella mi carpeta personalizada con fotos de "El Señor de los Anillos")
- Enseñarme lo bueno de ser yo misma, de ser "auténtica"(para ella una virtud preciosa que en los seres humanos abunda muy poco) y que «Diana, tú no eres un bicho raro, eres friki y ser friki es lo mejor del mundo».
Mi hoy en día mejor amiga me abrió un mundo que ya existía en mí pero no era capaz de valorar. Por suerte, a pesar de los golpes y burlas, nunca renuncié a mis pasiones/aficiones por los libros y películas de fantasía e historia, ni a la música heavy y celta.
Así que fue fácil recrearme en ellas sin sentir más cosas malas. Mientras los acosadores que esperaban el comienzo de la clase de refuerzo de matemáticas, nosotras hablábamos de nuestras frikadas, ante las miradas y cuchicheos malvados de ellos. Nos importaba un comino. Los celtas, los ankh y Avalon eran mucho más fuertes en mí que sus mierdas.
Siempre digo que ella fue la que me liberó de aquella pesadilla. Porque aunque seguí sufriéndola, además de los malos tratos de personas que se supone que me querían, ella me mostró lo que era de verdad la amistad, ese tesoro tan valioso.
Estuvimos desde noviembre de 2005 hasta 2009 enviándonos cartas ordinarias. Sí, sí, escritas a manos, dentro de un sobre y con un sello. Las tuneabamos con dibujos o incluso falsas manchas y quemaduras de los supuestos dragones que nos hacían de mensajeros.
No quiero incumplir con lo que dije que hablaría en este post, pero para no desviarme del tema, lo haré de forma no cronológica.
Así que vamos con el encuentro con mi novio (mi Chéri, como lo conocéis la mayoría) después de tres años y una semana de relación de pareja sin vernos.
Fui yo la que viajó a Bélgica para verle. Cagada de miedo porque a mis 30 años era mi primer novio, con todo lo que eso significa y, además, era la primera vez que viajaba en avión. Así que mi mejor amiga se ofreció a acompañarme.
Cogimos el avión el sábado al mediodía y ella regresó a España la mañana del domingo. Me hizo un enorme favor, que sumado a lo de años atrás en aquel infierno de colegio, hacen mil cosas que le debo de por vida.
Lo pasé muy mal en el avión, la verdad. Y encima era casi la primera vez que salía del país. Ya había ido a Italia en 2005, de viaje de fin de curso con aquella gentuza y no sabéis cuánto me arrepiento porque fue un viaje horrible, no lo disfruté.
Pero mi amiga me trajo un juego de mesa sobre historia y aunque ella tiene un doctorado y es un As en los juegos de mesa, gané casi todo el rato porque se ve que de historia sé yo mucho más que ella XD.
Bajé del avión temblando pero estaba deseando ver a mi chico. Su sonrisa tímida, sus ojos azules que siempre me miraban con ternura y amor durante las videollamadas. Nadie sabia cómo íbamos a reaccionar. Yo soy dura como una piedra pero él suele llorar de emoción/felicidad.
Estaba esperando en la puerta, con una camiseta friki que yo le había regalado hacía dos Navidades. Nos miramos y sonreímos felices como nunca. Con los nervios, saludó primero a mi amiga, pero mejor porque así, mientras nos dábamos ese abrazo tan deseado (que me supo tan tierno, dulce y maravilloso como él) ella pudo hacernos fotos.
Pasamos el día haciendo un poco de turismo los tres juntos, además era el Día del Orgullo Friki y lo celebramos comiendo una pizza de queso.
Nos quedamos solos en la estación de tren a las 19h y como dijo mi amiga, actuábamos con mucha naturalidad y confianza, como si lleváramos así de juntos en el mismo espacio desde siempre.
Si la maquina del tiempo existiera, tendría tantas cosas que contarle a esa Diana adolescente y niña a la que le dijeron que jamás la querría nadie porque daba asco, era un adefesio y olía a gorda... Vaya si me quiere. Y me respeta, me hace feliz, me apoya y cuando estoy con él me siento muy, muy libre.
Porque, como tengo que contaros según el post anterior, los chicos nunca me trataron bien del todo. Con el acoso escolar fueron los peores (y aquí incluyo también a mis primos, que dejaron de jugar conmigo y empezaron a insultarme cuando empezaron a crecerme los pechos y ya no me veían como a una igual). Y en los dos años de bachillerato, no me insultaban pero me trataban como si yo fuera también un hombre. Incluso me tenían miedo porque era tan bruta y fuerte como ellos.
Tenían muchos gestos con los que eso se notaba. No me trataban como al resto de chicas de la clase, aunque yo les cayera bien.
Hasta que llegué a la educación superior(?) una FP de Audiovisuales que fue mi segunda opción tras fracasar tan gravemente en la prueba de acceso a la Universidad (eso si hubiera destrozado a la Diana del pasado. Mucho. Para ella estudiar era lo mejor).
No sé cómo ni por qué pero los chicos, de todas las edades, me trataban bien. Y como la mujer que soy. Eran muy amables, además, y siempre estaban ahí para ayudar en lo que hiciera falta. Me hacían reír, incluso. Y cuando gané mi primer premio literario en el concurso de relatos de Sant Jordi me dieron besos, me cantaron y me acompañaron en comitiva hasta el autobús.
Les apreciaba muchísimo aunque nunca les consideré amigos y ahora mismo solo sigo en contacto con uno de ellos (y no lo veo desde hace seis años).
Cierro el post de hoy, sabiendo que el próximo será de nuevo triste. Así que os cuento (al mismo tiempo dirigiéndome a la Diana del pasado) que en las últimas semanas he recibido regalitos de gente de Twitter y me han hecho muy feliz.
Aquel es mi espacio seguro, lleno de personas buenas y que tenemos muchas cosas en común de esas que a mis maltratadores les parecerían motivo de burla. ¡Qué les jodan! Ojalá haber conocido antes a toda esta gente de Wattpad y Twitter. Sois lo mejor y mi vida hubiera sido un poco (mucho) mejor de haberos tenido en mi vida antes.

Primero de todo, perdón por tardar tanto en responder tu comentario. Como siempre, mi cuenta de Google me da problemas para comentar en los blogs >_<
ResponderEliminarMuchas gracias por tu apoyo y, de verdad, no te preocupes por eso. ¿Sabes eso de mejor tener poca gente buena que mucha que te haga daño? Pues es verdad. Ya has visto con la clase de gentuza que tuve que convivir durante los primeros 22 años de mi vida. Y solo tenía a mi mejor amiga. Y vaya si la gente que se suponía que eran amigas me han dejado también. Y sin decir nada, además.
Así que no te ralles con eso, si puedes. Porque al final es la frase que te he dicho más arriba. Porque al fin y al cabo todo esto son secuelas de nuestras malas experiencias del pasado. Como mi incapacidad de llamar "amigas" a gente a la que quiero como tal.