Una de cal y otra de arena

Hace unas semanas que no me siento nada bien anímicamente. Todos mis trastornos neurológicos y psiquiátricos me están dando fuerte y ya no sé muy bien cómo lidiar con ellos. Así que, en un arranque por sacarlo todo fuera, de expresarlo para liberarme un poco (funciono, también un poco) publiqué esto en Twitter:

«Me da un miedo terrible estar sola. Pero más miedo me da saber que siempre voy a depender de mis padres, que no tienen casi para comer, con las amenazas del banco, de cortes de luz y agua, y que cuando ellos se mueran yo me quedaré sola y en la puta calle»

Odio hablar del tema dinero, pero lo necesitaba en aquel momento. 
Ese miedo sigue ahí, junto a los problemas social-económicos. Pero al menos, dentro de este tormento, ya no están los deseos de suicidio del pasado. Porque tengo unos amigos a los que adoro con todo mi corazón y no quiero dejarles tirados. Solo por eso merece la pena continuar.

Precisamente, gracias a la ayuda (conversaciones, videollamadas y otros mensajes compartidos) de mi amigos Mariona y Escudero esta semana estoy algo mejor. Bastante mejor, a decir verdad.
También tengo el cariño de la gente de Twitter. A muchos de ellos ya he sido capaz de llamarles amigos, y eso me ha quitado un peso de encima a la vez que un trauma del pasado relacionado con lo que trata de este blog.
Me están regalando cosas, aunque están lejos. ¿Os lo podéis creer? Me mandan paquetes con regalos preciosos, que me encantan y me llenan de cosas buenas.
La Diana niña y adolescente nunca pensó que estas cosas serían posible. ¿Amigos de verdad? ¿Cariño de la gente? Ella solamente conocía el desprecio y los malos tratos de casi toda la gente que la rodeaba.

Un fondo negro con un juego de tres en raya dibujado con tiza blanca. Hay cinco tréboles verdes de cuatro hojas encima de cada esquina del juego y en el centro.


Porque por todas aquellas veces que dos imbéciles me inducían de forma directa al suicidio, mi amiga Mariona me ha dado cariño, regalos y ayudas sin esperar nada a cambio. Desde el año 2004 conmigo, en lo bueno y lo malo.
Porque si cambio aquella vez que me maltrataron psicológicamente entre ocho personas en mitad de una crisis de ansiedad (llorando al mismo tiempo) por todos los momentos compartidos con Escudero, presencialmente o virtualmente, con risas y aficiones idénticas, todo es mucho más llevadero.
Porque aunque recuerdo todos los cumpleaños que me arruinaron entre todos por aquel entonces, fueran "amigos" o enemigos, a golpes, humillaciones y demás, también recuerdo la fiesta de cumple sorpresa que me preparó Meritxell para mis 25 años. Estaban toda mi familia y amigos, la gente que de verdad me quiere.
Porque cada vez que me atormenta el recuerdo de ser maltratada física o psicológicamente durante los primeros 19 años de mi vida, siendo incomprendida por todos, sin ver la luz en la gran oscuridad, también puedo recordar que mi amiga Marta me hace siempre mucho bien a pesar de ser la última de mis amistades en conocer.

Y aquí os hablo solamente de mis cuatro amigos de la vida real. Ahora también tengo amigues online que me ponen el corazón calentito, me aceptan tal y como soy, me entienden y ayudan siempre que pueden. Todavía no les conozco en persona a todes (solo a 2, de hecho) pero espero hacerlo en un día no muy lejano. Estaré encantada.

Y aprovecho este post de recompensas para dar unos pequeños castigos a la gente que sin conocerme de nada me juzgó e incluso hizo un daño bastante irreparable durante mucho tiempo. 
Siempre hablo del acoso y maltrato al que me sometieron durante mi infancia y adolescencia en el colegio. Del bullying, de la amiga que me traicionó, de los que me marginaban… Pero ha habido más gente que me ha hecho daño, sin razón alguna, simplemente me vieron y/o me conocieron y decidieron que hacerme sufrir era, no sé, ¿divertido?

  1. - Para la profesora que me humilló y marginó cuando yo tenía 9 años, justo cuando el bullying empezaba a crecer. Aquella mujer que ridiculizaba delante del resto de la clase por mis tics y porque yo lloraba o me defendía de mis acosadores, que me castigaba sin motivo, simplemente porque yo era “esa niña a la que nadie quiere”: Una maldición druidica desde Sai Mina.
  2. - Para la abogada a la que fuí en enero de 2016 para que me ayudara a conseguir ayuda para mi certificado de discapacidad, que se burló de mi, de mi enfermedad, hasta hacerme llorar, a la que grité y que encima no me ayudó: Un billete para pasar una semana leyendo libros envenenados con Jorge de Burgos en el monasterio de Umberto Eco.
  3. - Para esa compañera de clase de mis últimos estudios, que me ignoraba cuando le hablaba, aún cuando trabajábamos en el mismo grupo de trabajo, que no me dejaba tocar ni hacer nada, sin saber que yo estaba en su grupo porque nadie más quería estarlo y yo ofrecí voluntaria porque me daba pena: Una excursión a  Menzoberranzan, sin el Ojo de Gato, ni cimitarras ni flechas.
  4. - Para aquella taquillera de la estación de tren que me hizo llorar cuando tenía 11 años, porque no se creía que yo tuviera esas edad, que me preguntó y se rió en mi cara, y que no me creyó cuando le dije que sí, que yo era una niña de menos de 14 años: Una maldición troll al estilo de Herr Mannelig pero sin encontrar ni siquiera un caballero hijo de puta.
  5. - Para aquellos chicos que se burlaban de mi en la parada de autobús, hace 4 años. Yo tenía puestos los auriculares con música, pero ellos no paraban de señalarme y reírse, con tan poca discreción, que me hizo recordar y renacer ese miedo, tristeza e impotencia vividas años atrás durante mi etapa de bullying: Una sesión de castigo en el despacho de la Profesora Dolores Umbridge, con todo lujo de detalles.
  6. - Para aquellas dos chicas que me insultaron por la calle, con tanto descaro que me gritaban cuando yo andaba cada vez más rápido para esquivarlas. Fueron muy crueles, a gritos, llamándome de una manera muy desagradable en lugar de por mi nombre: Un paseo por Mordor, con sustos y humos venenosos incluidos.
  7. - Para aquella dependienta de la tienda de ropa que me ridiculizó cuando entré en su tienda junto con unas chicas de mi clase y me dijo “No, aquí no tenemos ropa para gordas” sin saber que yo no iba allí a comprar nada, yo iba a acompañar a mis compañeras: Un fin de semana en Azkhaban, con dementores y oscuridad incluidos. 
  8. - Para la amiga de mi supuesta mejor amiga que me traicionó. Solo la vi una vez, durante una fiesta de cumpleaños. Y no sé que es peor, si que ella me llamara “subnormal” por mis tics nerviosos o que mi supuesta mejor amiga, se riera cuando esta niñata dijo aquello: Un saco de mierda de goblin. Si sigue siendo amiga de esa tiparraca, ya habrá recibido alguna que otra puñalada trapera…

Os dejo por hoy. Y espero poder escribiros más pronto la próxima vez. Hace un año que estoy centrada en escribir solo novela y he dejado este proyecto muy apartado. Cuidaos mucho, sed solidarios y espero que vuestro fin de semana sea lo mejor posible.





Comentarios

  1. Eres muy valiente. Yo confío en que el tiempo pone a cada uno en su lugar y espero que estos necios con los que te has ido topando estén pagando sus infamias.

    ¡Los castigos me han encantado! Voy a apuntarme algunos 🙂🙃

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    1. Ayyy, muchas gracias por pasarte por aquí.
      La verdad es que fue todo muy duro. Me destrozaron la vida para siempre... Y si lees alguna de las otras entradas veras que, por desgracia, les va a todos muchísimo mejor que a mí en la vida.
      A pesar de que rompí el contacto con ellos completamente, sus padres siguen viviendo en mi barrio, así que me entero bde casi todo.

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  2. Pues s´, por desgracia hay mucha gente mala. No creo que sean mayoría pero sí son los que más voz tienen muchas veces... Cuanto siento que también te haya pasado.

    Bueno, al menos estás trabajando a tope con tu novela, eso es ya muchísimo. El blog puede esperar, como el mío ^^

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  3. Desde luego, hace falta mucho más que un virus para acabar con tanto hijo e hija de puta. Me alegra que consiguieras salir adelante.

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    1. Bueno, en realidad, como digo en otros post del blog, no les deseo nada malo a estos hijos de puta 😅
      No les perdonaré jamás, eso sí.
      Muchas gracias por leer y comentar.

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  4. Eran unos cobardes, tú has sido y eres muy valiente de salir adelante. Te admiro, Diana y eres una gran escritora.

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    1. Tengo tantas fobias clínicas que me cuesta llamarme valiente... Pero muchas gracias por leer y estar siempre ahí 🍀🍀

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