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Notas para recordar ahora y más tarde

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Hace mucho que no escribo por aquí, no porque no me acordara si no porque estos últimos meses han sido un sube y baja de momentos y sentimientos. Más cosas malas que buenas hasta hace una semana. Os haré un mini-resumen antes de tratar el tema de hoy:  Se supone que este que este blog era para escribirle a la Diana del pasado, para decirle que todo está mucho mejor, qué el bullying ya pasó. Pero en 2021 las cosas han ido cada vez a peor...

Una de cal y otra de arena

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Hace unas semanas que no me siento nada bien anímicamente. Todos mis trastornos neurológicos y psiquiátricos me están dando fuerte y ya no sé muy bien cómo lidiar con ellos. Así que, en un arranque por sacarlo todo fuera, de expresarlo para liberarme un poco (funciono, también un poco) publiqué esto en Twitter:

Aquello siempre fue peor

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Como ya sabéis, ya no estoy con mi novio, pero lo conservo como mi mejor amigo. Su familia también me conserva y les agradeceré toda mi vida por su cariño. Todos ellos siguen contando con mi apoyo siempre que lo necesiten. Y lo mismo con mi familia y el resto de amigues. Ha sido algo muy duro para los dos, pero para ambos la amistad es también lo más sagrado y ser de nuevo "solo" amigos, es algo muy bueno. Nunca nos hemos daño, eso lo tenemos claro. Y eso es lo que importa. Porque los que leéis este blog desde el principio sabéis que de sufrir sé demasiado. He sufrido maltrato físico y psicológico durante mucho tiempo, desde una edad muy temprana, además. Y todavía quedan en mí tantas secuelas como heridas.

Resurgiendo a pesar de todo

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Primero de todo, pediros disculpas por la tardanza en subir un nuevo post. El último fue en febrero y, además de pillarme todo el confinamiento (como a todo el mundo), poco después decidí centrar mis ratos de escritura en acabar mi novela en proceso sobre Juana de Arco. Hace un mes que la terminé, así que, después de un tiempo de maquetación y correcciones, ya ha llegado la hora de continuar con este blog tan importante para mí. El tema que iba a tratar hoy se enlaza con ese motivo por el que me di un respiro de este lugar: la biblioteca del colegio en el que me hicieron bullying. Ese lugar que todos odiaban y temían a partes iguales porque era donde enviaban a los castigados al final de las clases de la tarde o incluso a la hora del patio. Yo me quedaba por las tardes, antes y después de las clases, de forma voluntaria. Me gustaba hacer allí los deberes y escribir. Y, sobre todo, me gustaba leer las enciclopedias y demás libros de aquellas estanterías. Hacía ya un par de años (tenía 1...

Palabras que duelen

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Nunca doy consejos en este blog porque no soy psicóloga y por lo tanto no sé lo suficiente e incluso sería ilegal deciros que hacer. A pesar de eso, alguien me dijo hace poco que debo perdonar a los que me hicieron bullying, y me quedé muy tocada porque no sabía realmente si eso era así, si estoy obligada a perdonarles.  Consulté con profesionales en la salud mental y conducta humana y me dijeron que NO. Que a no ser que yo quiera, voluntariamente, no debo perdonar ni a ellos ni a nadie. Esa persona no lo dijo de mala fe, era más que nada un consejo por sus creencias de meditación espiritual que a él le funcionan. Pero a mí no. Es más, los expertos me dijeron que, para empezar, los que me acosaron ni siquiera me han pedido nunca perdón. Si quiero perdonar, estoy en mi derecho, pero jamás obligada y tampoco sería recomendable someterme de ese modo ante gente que ni siente ni se arrepiente de lo que me hicieron durante trece años.

Analizando nuestras diferencias

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El post de hoy lo voy a dividir en tres partes. Todas ellas, analizando las situaciones personales de mis acosadores y de mí, tanto en el pasado como en el presente. El primer punto es el motivo. Porque a día de hoy me niego a admitir eso de que los que hacen bullying son su mayoría gente con problemas personales y familiares. Lo niego después de 28 años pensando que yo era la culpable de ese maltrato, y decir que ellos también están mal, me parecía una excusa barata a la que no tenían derecho. Sin embargo, después de conversar con algunos lectores de este blog, parece que sí es cierto en un gran número de ocasiones. Pues de verdad lo digo, si mis acosadores tenían problemas tan graves, ojalá haber podido ayudarles siendo su aliada y no su enemiga (enemiga involuntaria, eso sí).

Siempre en mayo

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Para mí mayo siempre ha sido mes de muchas fechas destacadas, en lo bueno y en lo malo. Nací un 31 de mayo, así que supongo que eso ya da otras percepciones del mes próximo a mi cumpleaños. Nunca tuve fiesta de cumpleaños, pero tampoco la quise. ¿Para qué si mis compañeros de clase me odiaban? Cuando fui adolescente sí hacía una merienda especial para mis dos supuestas amigas. Eso era suficiente para mí. Comíamos, jugábamos a juegos de mesa, acariciábamos a mis gatas y escuchábamos música. Pero por desgracia, incluso en ese día especial para mí, muchas veces se me maltrataba. Sobre todo físicamente cuando era niña. Empujándome por las escaleras, quitándome la silla de mala manera, poniéndome la silla rota en cambiazo (impidiéndome entre siete que cogiera una bien), pegándome chicles en el pelo... Y siendo adolescente, se enseñaban conmigo de forma psicológica. La mayoría no sabían ni que ese era mi día. ¿Qué importaba si como en este extracto que veréis, yo era un bicho asq...